Época antigua y medieval

El Puerto de Sevilla es milenario y sus orígenes se remontan a época fenicia, en la que se implantó el primer fondeadero para el intercambio de metales preciosos. Este se situaba entre el actual Real Alcázar y la Iglesia del Salvador.

Más tarde, en el siglo II a. C., los romanos convirtieron Híspalis en un importante puerto. Un siglo después, en sus astilleros se construían barcas largas para el transporte de trigo. Ellos llamaron al Puerto de Sevilla ‘Portus Hispalensis’ y de él se exportaba hacia Roma gran variedad de productos: minerales, sal, pescado… 

A partir del siglo VIII, los árabes dejaron huellas profundas en la ciudad: el primitivo Alcázar, la popular Torre del Oro, que reforzaba la defensa del puerto y la ciudad; y las menos conocidas de la Plata y de Abd al-Azis.

Seguimos avanzando hasta la reconquista de Sevilla en el siglo XIII, cuando Fernando III amplía las atarazanas. En esta época, del activo Puerto de Sevilla zarpaban hacia toda Europa embarcaciones con grano, aceite, vino, lana, cuero, queso, miel, cera, frutos secos, pescado salado, metales, sedas, lino y tintes.

Autoridad Portuaria de Sevilla
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